Everything is connected with everything else. However, for every single truth (or assumed as verity), there is a "transversal" one. All these transversal truths constitute the contradictions of modern life.

Wednesday, May 31, 2006

Ciencia, libros e internet

Este sábado pasado venía en el suplemento Babelia, de El País, un especial sobre libros de ciencia, redactado por Javier Sampedro.
Comentaba algunos libros y soltaba algunas perlas:

En el fondo no se acaba de entender muy bien a qué viene tanta envidia proclamada al hombre del Renacimiento. La teoría del todo, francamente, pierde mucho magnetismo cuando todo son cuatro cosas de las que tres no despegan y la cuarta no aterriza, y el modelo del mundo que pudo alcanzar a formarse el hombre del Renacimiento, ese crisol de las culturas que tanta envidia parece suscitar, no serviría hoy ni para cruzar una calle. Puestos a ser un hombre del Renacimiento, no hay mejor época que el siglo XXI.

Hace tiempo que Freud mató la fantasía de omnisciencia junto a la de omnipotencia del pensamiento y la voluntad.
Será una fantasía de juventud, pero me muero de envidia por los hombres del Renacimiento y no hablo de Leonardo: Maquiavelo, Guicciardini...

O esta otra cita:

Es cierto que la tecnología reclama cada vez más especialistas, gente que sepa "cada vez más sobre cada vez menos hasta saberlo todo sobre nada" (cita aproximada, fuente olvidada o seca), pero lo que importa es que también tenemos cada vez mejores teorías, ideas que valen por mil jergas y por un millón de datos. El Big Brother era un catafalco. El verdadero poder no está en saber lo que hace la gente, sino en saber entenderlo. Y de eso, del entendimiento, es de lo que trata la ciencia. Lo demás son dificultades técnicas que deben resolver los especialistas, en sus horas de trabajo y sin hacer mucho ruido a ser posible.

Ortega y Gasset (aún con ese repunte de, a veces, aristocrático de la derecha) ya nos habló de la barbarie del "especialismo", donde sólo personas con un conocimiento verdaderamente omniabarcante podrían hacer cambiar de paradigma, ya sea filosófico o científico.
Ahí tenemos al tan manido ingeniero (salvando a Benet y a otros), ejemplo perfecto del que cada vez sabe más sobre menos, hasta entenderlo todo sobre nada... Quo exit?
Pero también habla del papel de la Wikipedia frente a la Enciclopedia Britannica y de cómo, por tanto, internet ha revolucionado la forma de entender la ciencia. Ésta, en materia bruta, está toda en la red. Pero el verdadero poder no está en saber lo que la gente hace, sino en entenderlo. La ciencia, con internet y con el esfuerzo de millones de internautas, ya es también didáctica. La selección natural que están sufriendo los libros de ciencia, es despiadada. La oferta manda, y en este caso, también demanda.

4 comments:

Jesús said...

A raíz del tema de la superespecialización, me ha venido a la cabeza la cita de ¿Gregorio Marañón?: El que solo sabe de medicina, ni de medicina sabe.

Claro que siempre le pueden responder: aprendiz de todo, maestro de nada...

Personalmente, me considero un todoterreno del conocimiento. Además, la selección natural siempre favorece a las especies generalistas frente a las que presentan una excesiva especialización. ;-)

Y con este post, me estreno en tu blog.

ruben said...

Gracias Jesús:
Sí, eso se dice: "el que mucho abarca poco aprieta", o "lo múltiple es estéril", etc. etc.
Me quedo con la frase de Marañón (leí un libro muy interesante sobre él, de hecho una biografía, en mis años de universidad, de Paco Pérez Gutiérrez, pero desconocía la frase, que seguro es de las más famosas), que me ha parecido muy gráfica, y que más que una frase parece una ecuación:
"el que sólo sabe de x, ni de x sabe"...
Y me alegra oir esa disposición tuya al 4x4 (del conocimiento), que tanto se echa en falta hoy (apoyado en ese darwinismo histórico, que lo aventa).
Muchas gracias por el estreno que yo lo aderezo con un "estás en tu casa" ;-)
Pues eso, make yourself at home!

Jesús said...

Bueno, yo siempre he considerado el conocimiento como una pirámide: cuanto más amplia sea la base, mayor será la altura que alcanza. Eso sí, requiere más tiempo.

Si uno se concentra en una sola cosa, podrá construir más alto y rápido su edificio del conocimiento, pero sus cimientos serán más frágiles.

ruben said...

Gracias otra vez, Jesús.
Pues sí y además me parece muy bonito el símil de la pirámide, la base, y su estabilidad al ganar altura...
Y si me permites, me gustaría añadir algo:
estoy convencido que ese conocimiento debe estar dirigido siempre de una forma bifronte:
uno, hacia la máxima latina del nosce te ipsum, del conócete a ti mismo (dejando por ahora al margen la irresolubilidad metafísica del sentido de la vida), y
dos, lo que uno aprenda, como compromiso del intelectual, de proyectarlo hacia afuera y ponerlo al servicio del resto de la humanidad, o por decirlo en palabras bonitas, del resto de los fellow human beings...
Además, y reiterando de nuevo el post anterior, puedo constatar, no sin cierto conocimiento de causa, que todas las ramas del conocimiento humano han sufrido lo que conviene denominar, en homenaje por derecho histórico a Ortega, "la barbarie de la especialización", que ha devenido en la existencia de eruditos y trabajadores especializados en una minúscula porción del universo, pero hondamente ignorantes en todo lo que se sale de aquel saber que manejan. Los ejemplos, permítaseme la tosqueda y el tópico, son variopintos: licenciados pero analfabetos en ciencia, y viceversa, ingenieros ignorantes en literatura, por poner un caso.
Conviene, quizá, caer en la cuenta de que la cultura, hoy día, no puede ser cuestión de cantidad, de cuánto se ignore o incluso de la calidad de lo que se ignore (¿quién establecería la lista de lo que merece ser ignorado, o incluso qué cosas se deberían ignorar antes que otras? Es evidente que todo el mundo ignora algo).
Quizá la solución del dilema pase por considerar la cultura como una actitud: actitud de apertura mental y de interés hacia el conocimiento y el saber. Puro ecumenismo, puro estar interesado siempre en saber más y no desdeñar ninguna oportunidad de hacerlo.
Quizá de esta forma nunca se escucharían asertos tan aberrantes del tipo "yo es que soy de ciencias" (o de letras), como si eso nos eximiese (y yo me incluyo, para hacer bulto) de una de las características que definen al ser humano: el ansia de saber;
el hombre es una entidad extrañísima que, para ser lo que es, necesita antes averiguarlo, necesita, quiera o no, preguntarse lo que son las cosas en su derredor y lo que es él en medio de las cosas
Este Ortega...